La evaluación empieza por el caso de uso, no por el hardware. Revisamos qué modelos se quieren ejecutar, qué datos intervienen, cuántos usuarios habrá, qué latencia se espera, qué disponibilidad necesita el servicio y qué restricciones existen en privacidad o compliance.
Con esa información preparamos una arquitectura objetivo con opciones realistas: local, cloud dedicada o híbrida. Cada opción se compara por coste, rendimiento, seguridad, complejidad de operación y capacidad de crecimiento. El objetivo es evitar tanto la dependencia excesiva de servicios externos como la compra prematura de infraestructura sobredimensionada.
También definimos cómo se operará la solución: monitorización, registros, control de acceso, actualizaciones, pruebas de carga, recuperación ante fallos y criterios de escalado. Una infraestructura IA que funciona en una demo puede fallar en producción si no tiene observabilidad ni mantenimiento.
El entregable permite tomar una decisión informada: qué arquitectura conviene ahora, qué puede esperar, qué riesgos hay que controlar y qué inversión tiene sentido según el uso previsto. Así la empresa puede crecer en IA con rendimiento, privacidad y control de costes.